


Nuestro amigo: Matías Ráez Ruiz, ubetense como el cronista Cazaban, y humanista curioso, se propuso hace tiempo ir recopilando cuentos y leyendas de Jaén. Pero no una antología de lo que ahora se llama “copiar y pegar”, sino que ha hecho un uso contrastado de la fuente de transmisión oral, alpargateando una y mil veces los callejones del viejo Jaén. Utilizando la sabiduría del escuchar ha pasado al papel, letras, palabras y oraciones, contadas con el verbo popular de la calle, a la vez que ha buceado también en las fuentes escritas.
Y ese procesionar callejero lo ha trasladado a su relato mediante itinerarios que invitan al caminante a dar vida “in situ”, al trasgo o mengue, al amante despechado, al fraile volador, o a la caverna de mítico significado, cuando no al duendecillo, sin señor que llevarse a la boca, hoy desalojado por la piqueta y al que a falta de piedra vieja que lo acoja, terminará pidiendo asilo en el centro de emigrantes. Así convierte al paseante en parte viva de la leyenda y actor de la obra. Mezcla el relato con el comentario añadido de fino humor y convierte la heterodoxia en animado rellano que invita a continuar el paseo.
Lo he acompañado en algunos de esos periplos de indagación callejera en donde he comprobado cuanto comento para finalizar junto a él fomentando el PIB de las tabernas que al final son de obligada visita para reparar la fatiga y hambre del mucho andar.
Con su voz y de su mano tendremos la oportunidad de enriquecernos con el relato a veces tierno, o a veces pícaro que nos rememora nuestra tradición oral.